miércoles, 10 de abril de 2013

Fracasados


FRACASADOS



Uno nunca obtiene lo que quiere…
Uno nunca obtiene lo que quiere…



Andrés se repetía en su mente una y otra y otra vez, como se repetían los picotazos del segundero del reloj atacando a los oídos de cualquiera en aquella habitación, pero era ridículo decir cualquiera, sólo alguien vivía en aquel guarro apartamento, y vaya guarro, Andrés se había olvidado de su propósito en la vida, “El escritor más famoso” “El talento del momento” -“Ese muchacho tiene futuro”- Las voces que se escuchaban al fondo de la escena, de personas que dialogaban sin parar. –“De ese muchacho podemos esperar demasiado” –Decían las voces en aquella fiesta de graduación, Andrés era el más talentoso, apenas con pocos años ya tenía novelas complejas que conmovían a corazones de piedra. Qué dramas aquellos que escribía Andrés, y que dramático fue el desenlace de su historia.
Mírenlo ahora, es un pobre resignado, un borracho, un autentico pobre diablo, un fracasado.

¿Andrés que te pasó?

 Andrés perdió toda humildad, Andrés se volvió un vanidoso, Andrés ya no era Andrés, era lo que la gente le hizo creer, pobre Andrés.

Todos te querían, todos te extrañaban, todos sabían que de ti todo se podría esperar, Andrés que envidia, nunca pude ser como tú, así de popular.

Todos te estrechaban la mano, mientras ignoraban mi presencia, igual que en el salón de clases, siempre fuiste el mejor, un ejemplo a seguir, como un Dios, ¿Qué eres ahora? No eres nada.

Andrés cayó entre las redes de las drogas y las redes del alcohol y las mujeres, el dinero es tan dañino, el dinero es lo peor, el dinero es lo mejor –Decía Andrés-  Andrés se convirtió en el más presumido y yo siempre fui el envidioso,- ¡Ah maldita envidia, me haces ser aun peor!-  Nunca fuimos la mejor combinación, siempre fui su sombra, siempre fui hipócrita, siempre fui aun más perdedor.

Hace tanto tiempo que nadie visita a Andrés y a su apartamento tan solitario como apestoso, los platos sucios se desbordaban de la aquella mesa cochambrosa, no sé si Andrés había llamado a los ratones y a las ratas por nombres, que asco de apartamento tenía Andrés la última vez que le visité, un gato negro ya muy viejo llamado René era su única compañía, aquel gato infame que también le ignoraba y escapaba de semejante atrocidad, su cama era una balsa que flotaba en el mar de sus lagrimas y basura regada por toda la habitación, el escritorio donde se ganaría la vida estaba lleno de basura, de cosas basura y sin sentido que no podían valer nada.

Recuerdo verle, tanto tiempo sin mirarle, tanto tiempo sin estrecharle palabras, le vi, estaba destruido, era un fracasado, -vamos a salir, vamos a recordar, te invito unas copas, hoy vamos a brindar- le dije a Andrés.

-Está bien, eres mi único amigo, no hay nada que perder. –Respondió-.


Bebía como desquiciado en aquel bar, una tras otra y otra copa, y no me importaba ni un poco, lo miraba y pensaba; Pobre Andrés, pobre fracasado, era sólo un imbécil más con algún motivo para visitar aquel bar, y todos saben que visitar un bar por alguna razón es lo más triste del mundo.

Perdió a todos sus amigos, todos se alejaron de él, él sabe que él tiene la culpa, siempre presumiendo ser el mejor, siempre aplastando e insultando a los demás, como lo hizo conmigo, como me gozó destrozar.

Él sabía que era un presumido, que difícil es hacer que un presumido acepte que lo es, que triste que lo haya descubierto por sí mismo.

-          ¿Qué debo hacer? Mi vida es una mierda, soy una mierda, estaría mejor muerto, nadie me extrañaría. Me dijo completamente desolado.
-          ¿Qué te puedo decir? Eres un fracasado, yo soy un fracasado, no podemos ayudarnos, tú estás en el abismo, yo estoy en el abismo. ¿Sabes que es lo único bueno? Que es nuestro abismo, nuestro jodido abismo. Le respondí.


Ya habían pasado 2 horas, 120 minutos, esa cantidad suena a una eternidad, sin embargo el tiempo corría como las copas bajo cuentas de señores con dinero invitándoles a los amigos.

-          Escribe algo bueno, aún puedes sobresalir, eres un escritor, un mediocre escritor, escribe un guion sobre tu historia, tu fracaso y tu solución, no tienes nada, más que a ti mismo, escríbete en un papel, tal vez y así vuelvas a sobresalir. - Le dije
-          Ja ja ja, ¿Crees que quiero sobresalir? No, ya no quiero sobresalir, ahora sólo quiero morir. Eres mi único amigo, gracias por estar aquí. Respondió con la voz muy torpe, torpe por el alcohol que alteraba su organismo.

Uno nunca obtiene lo que quiere…
Uno nunca obtiene lo que quiere…

Salió del bar, acompañado de sólo su soledad, nunca lo volví a ver, hasta unas semanas después, una nota en el periódico, una invitación y una carta, junto a un grueso sobre que esperaba ansioso ser abierto aquella mañana de diciembre, mientras ahogaba mis penas en un café, ahí afuera de la puerta de mi hogar. ¿Qué guarda este grueso sobre? –Me pregunté- Un libreto, con una historia fatal, una historia bastante triste, y una historia muy cruel sobre un fracasado, y su ineludible muerte, en ella Andrés narró cada parte de su vida, y al final su tan poética muerte, y lo difícil que es tomar el coraje necesario para subir al banco y poner alrededor de su cuello el collar de la muerte.

Pobre Andrés, se convirtió en el péndulo que contaba los segundos que rondaban por su departamento, midiendo el paso del tiempo con el tambaleo de su cuerpo, acabó solo y sólo colgado de sus deseos y sueños vanidosos, que triste que la autobiografía de Andrés haya sido marcada con fechas especificas, que triste que esas fechas las haya escrito él mismo, que triste es escribir tu autobiografía porque sabes que nadie más lo hará por ti, y qué triste es el final, porque su muerte no es el final, sino lo que viene después, recuerdo de la noche del bar que Andrés dijo; “No, ya no quiero sobresalir, ahora sólo quiero morir”

Oh Andrés, nunca y siempre dudé de ti, pero más de mí, si supieras que tu terrible fracaso fue mi mayor éxito, desearías estar aquí, después de todo…

Uno nunca obtiene lo que quiere…

Sólo somos fracasados, no podemos salvarnos de nosotros mismos.

Fracasados.

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